
¿Sabía usted que hay más de 65.000 estudiantes en San Simón, CBB?
Son un verdadero ejército, esos jóvenes, y ello se comprueba fácilmente al dar un paseo por los alrededores de esos pobres edificios. Son en verdad pobres porque pertenecen al Estado, es decir, a nadie, y nuestra juventud estudiosa los ha convertido en un verdadero chiquero enorme y hediondo, hecho de turriles de basura, montes de desperdicios y tufos nauseabundos. Lejos de cuidarlos porque son su propia casa y lo han sido para generaciones, ese ejército pasa por allí de día y de noche, los ensucia con notable indiferencia y los desprecia sin recordar que quien desprecia su propio hogar se desprecia a sí mismo y a los suyos.
Como sabemos, la universidad boliviana ha creado un par de nuevas profesiones, hijas también ellas de la meritocracia, la de estudiante/dirigente político, de los cuales hemos conocidos varios nonagenarios, y la de estudiante eterno, muchos de los cuales vivieron toda su vida en esas aulas sin cosechar ningún cartón de colores.












